martes, agosto 23, 2005

Rumorólogos y cuentos de viejas

Pues resulta que Piano man ha roto su silencio. Con 4 meses callado a sus espaldas, podría ser todo un campeón jugando a lo de María Salamiento y sus deposiciones que se llevó el viento. Pero igual que Orfeo volviendo la cabeza, con su gesto se ha roto el hechizo romántico y ha comenzado algo peor.

Y es que el señor este lo ha hecho muy bien. Desde luego, para estar tanto tiempo sin hablar alguna cosa no debía de funcionar bien dentro de su cabeza, así que todas esas denuncias por fraude a la Seguridad Social británica no prosperarán mucho. Aún así, ha conseguido, si no reírse, sí engañar a todo el mundo (y a más de uno darle la oportunidad de soñar) sin hacer mal a nadie. Un aplauso.

Pero... deja dos grandes temas sobre los que reflexionar y la incógnita de por qué su familia no lo reclamó pese a que su imagen era famosa en el mundo entero. Por una parte tenemos a los periodistas que han estado difundiendo la mentira de que era un virtuoso del piano cuando lo único que podía tocar emitiendo sonido era la flauta de Bartolo (ya saben, la de un solo agujero), sin emitirlo hay una obra de John Cage que es toda en silencio... ¿Nadie fue capaz de acercarse a preguntar a fuentes directas? ¿Qué clase de periodismo profesional tenemos? Me parece vergonzoso y preocupante. Más teniendo en cuenta el segundo punto, la confianza ciega que tiene la gente (y tengo, que también me engañaron a mí) en lo que dicen los medios de comunicación sólo por aparecer en ellos, algo más propio de otros tiempos. ¿Cuántas historias como ésta nos estarán colando? Y más en temas importantes como política, guerras, odios... ¿dónde podemos corroborarlo? Pensémoslo seriamente, que lo merece. No es nada nuevo, ya se sabe que los medios están influenciados y dirigidos; aunque una cosa sea la mentira tendenciosa y otra la dejadez profesional, pero nadie ha levantado la voz sobre este tema, tal vez por desencanto, pesimismo justificado o posmodernismo virulento. Pero no se trata de una broma. Me da miedo, mucho.

¿Dónde está Spider Jerusalem?

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