domingo, julio 03, 2005

¡A mí la ONU!

Japón es otro de esos países que no tiene carné de identidad, así que identificarse es todo un problema si no se tiene pasaporte o permiso de conducir. Eso sí, los extranjeros tenemos uno muy bonito (ahora, blanco; antes, rosa) con hologramas y todo.

Todo esto viene a colación porque hoy ha habido, como ya les comenté, votaciones al Concejo de Tokio. Así que he acompañado a mi mujer a ejercer su derecho al voto (a mí, misteriosamente, me lo han impedido...) para curiosear cómo son los plebiscitos en un lugar como Japón. Y yo pido a la comunidad internacional que envíe observadores, sean de la ONU, de los buscadores de pájaros o de los peep-shows de carretera, porque esto es un cachondeo.

Se recibe por correo un resguardo con tu nombre y un código de barras. Llevando eso, no tienes problema para votar (aunque sea el de tu vecina). A la entrada, hay una mesa con tres señores que pasan un lector por el código de barras y hacen una rayita roja en un recuadro. Acto seguido hay que dirigirse a otra mesa distinta, donde un solo señor, vuelve a leer el código de barras y a hacer una rayita roja en el recuadro adyacente para hacerte entrega de la papeleta electoral, que sale de una máquina. Una vez en posesión de la misma, uno se dirige a un mostrador con separadores para, privadamente, escribir a mano el nombre del candidato al que le das el voto. La urna es una opaca caja fuerte metálica cerrada a cal y canto que bien pudiera ser una trituradora de documentos por lo que yo sé.

Conociendo el caracter japonés, se ha de suponer que no habrá ningún problema o fraude, pero creo que esto comparte sistema con las escopetas de feria o la infalibilidad del Papa. Votar en Japón es cuestión de fe, esperanza y caridad.

Más tarde, los resultados.

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