Cuando me los ofrecieron en japonés, pensé que se trataba de caramelos de caqui, la fruta; mas no, craso error, eran auténticos caramelos con sabor a ostra, el marisco, que es homófono en japonés. Vean el envoltorio, el dibujo es suficientemente esclarecedor. Tienen un sabor dulce, cual vulgar caramelo, y, de vez en cuando, aparece un regustillo a (¡ostras!) ostra. Al principio resulta extraño, y reconozco que no es para cualquier paladar, pero si uno persevera, puede acabar enganchando. Al fin y al cabo, el gusto es algo a educar e ir superando. Por lo visto, son típicos de Sendai. Si piensan acercarse por allí y les apetece probarlos, aquí tienen una foto de la bolsa para facilitarles la búsqueda. Buen provecho.
Estamos (de nuevo) a lomos del año del caballo. ¿Será un Bucéfalo que nos conduzca a la victoria? ¿Un Babieca que nos conduzca a la victoria... después de muertos? ¿O un metafísico Rocinante que nos conducirá a una paliza tras otra? ¿Crecerá la hierba bajo sus pies? ¿Dejará un rastro de benéfico de abono o de... bueno, ya saben (de saber, no de sabor)? ¿Será el poni que siempre pedía para mi cumpleaños y nunca llegó? ¿Me dará su fuerza Pegaso? ¿Encontraré al unicornio azul perdido? ¿Oiremos briosos relinchos de corcel que decidido y veloz se lanza a la batalla?, ¿o más probablemente ignorantes rebuznos de asno? ¿Por fin podré herrar con hache? Cuántas preguntas. Lo único que les pido (además de dinero) es que no se tomen la festividad equina como una buena excusa para celebrarlo a lo años ochenta dándose a la heroína. Que aunque su camello se llame Santiago, su caballo blanco no es nada recomendable. Como pueden ver en la ilustración en la que comme d'habitude ha vol...
Les escaneo la entrevista que me hicieron para la revista gratuita dedicada al mundo latino Kyodai. Si viven en Japón, traten de hacerse con un ejemplar. No hará falta que les diga que las entrevistas, como los medicamentos, hay que tomárselas con cuidado.
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