lunes, marzo 07, 2005

Canta y no llores (ay, ay, ay, ay)

El viernes pasado, debuté como mariachi con el "Trío Desperado" (no se engañen, son los mismos de la tuna) en una actuación en el restaurante mexicano de Disney sea (uno de los dos párques temáticos Disney que hay en Tokio). Curioso como funcionan estos sitios: había un par de enormes ratas correteando por el restaurante, y no sólo no recibían una ración de escobazos (ya no hablamos de la inspección de sanidad), sino que la gente las celebraba. Mickey y Minnie, se llamaban (dos patos, Donald y Daisy, también salían a escena. Donald no lleva pantalones y se le ve la cola...).

Para llevar a cabo una actuación de estas características es necesario estar con varias horas de antelación en el recinto. La cosa transcurre con bastante calma, pero exigen un ensayo general (con la muy necesaria prueba de sonido) diario donde se repasan las entradas y salidas de los muñecos. Entiendanme, nosotros tocamos una vez a la semana (vuelvo el próximo viernes), pero los ratones y patos salen todos los días, y cosas como "No, no , no, ponte un centímetro más a la derecha" ya me parecen ganas de tocar las narices (o los picos, respectivamente).

En dicho ensayo están presentes una multitud de personas que nadie sabe muy bien lo que hacen (alias los rondadores), pero que tienen que justificar su sueldo rondando de aquí para allá. Aparte de los dos productores, los tecnicos de sonido, los muñecos, la presentadora, nuestra "manager", la chica que se encargaba de llevarnos y traernos, y el coordinador escénico (que daba los tiempos de entrada), se encontraban 6 ó 7 personas más. Disney sea reduce el paro creando puestos de trabajo innecesarios, un premio para estos señores. Les tendré que mandar el currículum.

Los muñecos tienen prohibido hablar cuando van uniformados, aunque no estén cara al público(lamentáblemente, los productores no), y debo decir que lo hacen muy bien. Sin embargo, gracias a sus cabezas postizas se evitan el tener que sonreir a cada momento. Yo nunca he sido tan feliz como subido en ese escenario. Hasta me dolía la cara.

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