miércoles, septiembre 14, 2005

Un buen muchacho

Perdonen que se lo diga, pero soy un pedazo de pan, y muy tierno. La semana pasada, cuando volvía a casa a las tantas después de trabajar, enfilé, como de costumbre, la calle comercial semipeatonal que se extiende desde la salida sur de la estación de Kiyose (andar cansa, pero sale más barato que el autobus). Unos pocos pasos más tarde, vislumbré en el suelo, bajo el menú de un restaurante, una cartera roja. Ni corto, ni (ejem) perezoso, me hice con ella y miré a ver si había alguna identificación (un carné de conducir y un montón de tarjetas de visita del mismo señor, bonos de tren y autobús, nada de dinero). Sopese mis opcciones que iban desde ir al puesto de policía más cercano (al otro lado de las vías), llamar por teléfono al señor (que vete tú a saber) o entregarlo en el puesto de policía que tengo al lado de casa, ya en Higashikurume, que fue a lo que me decidí (más por perezoso que por corto).

Ningún agente de policía se hallaba tras el mostrador, pese a la sempiterna luz encendida, pero un cartel invitaba a descolgar el teléfono que había sobre la mesa y que te ponía en contacto con los agentes que estaban de patrulla por la zona. Así lo hice, me preguntaron dónde estaba y anunciaron su presencia en breves minutos. Los minutos serán breves, pero cuando se acumulan, el tiempo se magnifica, sobre todo si uno está cansado, tiene hambre y cómics que traducir sobre la mesa. Estuve esperando el fresco en la puerta, dando una gran imagen de los extranjeros, y más de 15 minutos después, dos amables policías (no es ironía) aparecieron, me tomaron declaración (nombre, dirección, ocupación, hora y lugar del hallazgo etc.) y me preguntaron si quería recompensa. Yo les dije que no, que no hacía falta y entonces me pidieron que firmara en el recuadro que decía "Renuncio a exigir una recompensa". Sin embargo, sí que puse mi número de teléfono a disposición de la víctima por si quería algo.

También me informaron de que, tras seis meses en depósito, si no aparecía el dueño, podía reclamar lo encontrado para mí, que si lo quería o también renunciaba (haciendo especial énfasis en esto último). Les contesté que, estaba seguro de que no tendrían ningún problema en encontrar al dueño, pero que, llegado el caso, cogería el autobús a su salud sin problema. Me extrañe de que no llamaran al movil del señor, rápido y sencillo y se perdieran en tanto papeleo.

Una experiencia muy bonita, pero la próxima vez, optaré por llamar por teléfono directamente a quien sea que haya perdido lo que encuentre, se pierde mucho, mucho tiempo.

Eso sí, uno o dos días más tarde apareció un mensaje de agradecimiento en mi contestador. Incluso volvió a llamar al día siguiente, pero sólo estaba Shizuka, y ya debió de valerle como agradecimiento. Comentó que más que los abonos de transporte, se alegró mucho de poder recuperar las tarjetas de sus contactos. Y me parece muy bien.

Para lo que quieran, señores.

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