lunes, septiembre 12, 2005

¿Quién me ha robado la fe en el género humano?

Ayer hubo elecciones al Congreso en Japón, y pintan bastos los resultados. El Jimintô, la versión japonesa del PP y partido del primer ministro Koizumi, ha obtenido mayoría absoluta con 296 escaños, porcentualmente el mejor resultado de su historia (dos veces consiguió más de 300 parlamentarios, pero el número de diputados era mayor en esos tiempos). La oposición en bloque, por otra parte, ha caído en picado.

También se ha batido el record de participación desde la reforma del proceso electoral, más del 65%, aunque se llegó a hablar en algunas previsiones de esta semana pasada del 75% . Como ven, unas elecciones que han conseguido movilizar a los japoneses. Lamentablemente, se me han movilizado hacia el lado opuesto. Lo que más miedo me da es que Koizumi se lance a modificar la Constitución y en pocos años tengamos un superejército japonés a las órdenes del presidente de turno de los EEUU. Suerte que dentro de los partidos japoneses hay muchas corrientes internas; no es un gran consuelo, ya que Koizumi ha salido más que reforzado de los comicios, que adelantó en su día precisamente para eso, purgar su partido de los que votaron en contra de su reforma (léase privatización) del servicio de Correos. Y lo ha conseguido. Puede que sea mal político, pero es un gran estratega. Envió a sus pesos pesados a los distritos en los que contaban con más apoyo popular los disidentes y reclutó a una serie de bellísimas famosas, conocidas como las kunoichi (mujeres ninja) de Koizumi, si en propaganda funciona, también en política.

Sin embargo, Horiemon, el famoso dueño del portal de internet Livedoor que protagonizó el polémico intento de compra de la emisora de radio Nippon hôsô y que se presentaba como candidato independiente recomendado por Jimintô (ejem), no ha sido agraciado con la confianza de la gente, toda una sorpresa.

Por otra parte, el sistema de voto en Japón es, como no podía imaginarse de otra manera, curiosísimo. Esta vez había que introducir 3 papeletas en las urnas. La primera para elegir por voto directo a uno de los candidatos que se presentan en tu distrito. La segunda es una lista política a la manera española; en ella pueden estar incluidos los candidatos a la elección directa, para asegurarse la repesca en caso de que fracasen solitos. Y la tercera es para censurar a los jueces del Tribunal Supremo; si se introduce en blanco, es que todo va bien, y si piensas que un juez lo está haciendo mal, hay que marcarlo. Como ya pueden imaginar, esta última no sirve para nada a efectos prácticos, y ni siquiera dan el resultado por la tele.

En mi distrito, donde en las elecciones al Concejo de Tokio fueron elegidos el candidato del Minishutô, que ganó, y el Jimintô, esta vez, cuando sólo podía pasar uno, ha salido elegido el conservador. Cierto es que era un candidato joven y que contaba, sin lugar a dudas, con el mejor cartel de propaganda electoral de los 3 (Minishutô, Jimintô y el Partido Comunista), pero permítanme que no celebre el resultado de este su(nau)fragio universal.

Ay.