miércoles, noviembre 17, 2004

Por Dios, por la patria y el ¿Rey? (o por qué casarse, a veces, no es un gran negocio)

Me perdí lo de Felipe y Letizia, pero el destino me ha dado una segunda oportunidad, y es que se "nos" casa la ornitóloga más famosa de Japón: la hija del emperador. Y aquí vienen las curiosidades: ya sabrán ustedes que en Japón, (generalmente) la mujer (y no el marido) pierde su apellido en favor del de su esposo. Pero no sólo eso, sino que se entiende que entra a formar parte del clan familiar de éste, abandonando la suya natal. A efectos de ciudadanía de a pie no tiene mayor relevancia, pero con la princesa es diferente. Al abandonar a su familia por la de su marido perderá el rango de "alteza" y todos los privilegios y obligaciones que conlleva, absolutamente todo.
Ustedes ya saben (y si no, ya se enteran) que yo no soy muy monárquico que digamos (excepto si me nombran rey a mí, claro. ¿Alguien se anima? Les prometo diversión en ese caso.), pero aún me queda algo de corazón (¿quieren un poco?). Al pasar a ser una ciudadana normal y corriente, ya no podrá mantener contacto con la familia real (su familia a fin de cuentas), mas que pidiendo audiencias, y a traves de los canales oficiales, como cualquier otra persona.


Lo mismo sucede al revés. Cuando un príncipe se casa con su señora, ésta abandona a su familia y adopta estatus real. El abandono es literal, se acabaron las visitas a casa de los padres (depende de la suegra, eso que se gana el príncipe). Hay un ministerio que dicta con mano de hierro las agendas de los miembros de la famila real y decide si pueden o no realizar hasta el más mínimo detalle. Eso me lleva a pensar que, o les gusta mucho el dinero del estado, o son muy cobardes para no dar un puñetazo en la mesa y dejarse de tanta tontería.


Las tumbas de los antiguos emperadores no pueden ser visitadas por nadie. Esto ha dado pie a la especulación y ha hecho surgir numerosas teorías a lo largo de la historia. Algunos dicen que las tumbas llevan una inscripción con la estrella de David (el rey judío, no el gnomo), otros que el emperador viene de Corea (el sintoísmo parece que tiene su origen allí, y la figura del emperador va inevitablemente ligada a esta religión -donde se supone, o suponía antes de 1945- que el emperador era descendiente directo de los dioses. Les recuerdo que los borbones descienden de Hércules, y por ende, de Zeus). Pero nadie les hablará de estos temas, porque la figura del emperador es tabú. Sólo hay que escuchar las furgonetas de los partidos de ultraderecha que recorren las calles con himnos militares y recordar que todavía hay gente que se suicida por el emperador para sentir un escalofrío antesd e ir a dormir y comprobar que se ha cerrado bien la puerta.


Lo que les decía, que su futura no-majestad va a tener un nuevo tipo de pajarito que estudiar.

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