Cenando fuera
Bien por lo apretado del horario o bien por placer, de vez en cuando toca cenar fuera y la verdad es que mi nuevo hogar, Higashinakano , está bien surtido de buenos lugares para ello. Sin embargo hay dos lugares pintorescos que me tienen bastante intrigado por la peculiaridad de su hilo musical. El primero de ellos es un local de râmen (ya sabe, fideos chinos) y gyôza (empanadillas) que, a pesar de que está lleno de humo de la plancha que se pega a la ropa como una lapa (algo decisivo por lo que no voy muy a menudo), tiene un sabor muy rico. Los restaurantes de râmen son para comer solo o con unas cervezas y unos colegas, así que se encuentran grupillos alegres y solitarios oficinistas indiscriminadamente. Pues este local ofrece a sus clientes piezas orquestales, bien de música clásica desgarradora o bien versiones instrumentales de boleros, con lo que consigue un ambiente melancólico de muy señor mío. Cualquier día un señor encorbatado se echa a llorar y le crece la sopa. El segundo...