domingo, abril 10, 2005

Ja-puagh

El día de ayer hubo en diferentes lugares de China numerosas manifestaciones contra Japón. La multitud destrozó restaurantes japoneses (de dueños y empleados chinos, ya saben), apedreó la embajada con adoquines arrancados de la calle, los coches oficiales, e incluso agredieron con un cenicero a dos estudiantes japoneses en un restaurante. Todo ello con un ambiente festivo entre los participantes, con sonrisas, jaleos, y ante la pasividad de la policía (que en su interior estaría apoyando la "kale boloka".


China, como el resto de países vecinos, no ha perdonado a Japón las atrocidades cometidas durante la Segunda guerra mundial (poco ayudan los homenajes "a título personal" (sic) del Primer Ministro, Junichirô Koizumi, a los soldados (entiendan japoneses) caídos en la guerra enterrados en el templo Yasukuni. Además, con China, como con el resto de países vecinos, Japón se disputa la soberanía sobre varias islas (ríanse de Perejil si no lo habían hecho ya). El capitalismo japonés como inspirador de la protesta sólo es maquillaje. Además, hasta el momento, Japón ha estado dando a China apoyo económico al desarrollo oficialmente, (ahora lo quieren suprimir, supongo que los chinos no estarán muy contentos por ello).

Otra de las cosas contra las que protestaban es la posible inclusión de Japón como miembro permanente del Consejo de seguridad de las Naciones Unidas. Yo también me opongo, no hace falta (ning)un (otro) país-mascota de EEUU, pero desde Predicando en el desierto condenamos la violencia. No nos ilegalicen el blog.