viernes, diciembre 16, 2005

Un ciudadano ejemplar

Me propongo a mí mismo para ser nombrado santo en vida. Esta tarde (ya noche cerrada), me dirigía en bicicleta a la Academia para sustituir a un compañero en una clase de español cuando he visto que a la niña de 12 que venía pedaleando en dirección contraria se le caía lo que al final resultó ser una llave al suelo. A pesar de que le he dicho "Se te ha caído algo", no sólo no ha parado, sino ha dado un acelerón y ha salido disparada.

Durante un momento de vacilación he sopesado las posibilidades:

1-Seguir mi camino y que le dieran para la permanén a la niña. Ventajoso, sin duda, pero no hubiera podido dormir por la noche, la mala conciencia.

2-Dejar la llave en un lugar visible. Para que cuando volviera o volviese la niña (lo primero que ocurriera... u ocurriese de las dos cosas) pudiera (...o pudiese) encontrarla. Odio las incertidumbres.

3-Ir a la policía. ¡Noooo! Rápidamente, ha quedado descartada.

4-Salir corriendo detrás de la niña y devolvérsela.

Sí, he elegido la cuatro, e imagínense el espectáculo. Una niña de 12 años huyendo a toda velocidad en bicicleta de un extranjero que la perseguía gritando. Supongo que me habrá hecho ganar muchos puntos entre el vecindario, sobre todo después de las proporciones alcanzadas por el reciente caso de una niña de Hiroshima que fue asesinada por un peruano (que, alega en su defensa, haber estado poseído por el demonio durante el crimen). Menos mal que no me he encontrado a mis amigos policías en ese momento.

Por mucho que de niño quisiera ser Perico Delgado, no destaco especialmente por mis virtudes ciclistas, pero todavía soy capaz de alcanzar a una niña de cortas piernas en un reducido espacio de tiempo (con un considerable esfuerzo, eso sí). He conseguido que se parase y al entregarle la llave, un sentimiento de entre terror y agradecimiento se ha manifestado en su mirada, tras lo cual, ha desaparecido.

Me pregunto si se lo habrá contado a su madre y, dado el caso, qué le habrá respondido ésta: "Qué majo el extranjero" o "¡Tenías que haber corrido más!". Porque en todos los países la mayoría de la gente sabe que los extranjeros somos, cuando menos, sospechosos y, probablemente, malas personas.

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