viernes, octubre 20, 2006

Micromachines

La foto no es de muy buena calidad, está hecha con el móvil a horas intempestivas para las gentes de bien. Ustedes sabrán perdonarlo.



















El caso es que hace tiempo que me tiene fascinado ese automóvil que aparca en un estrechísimo ¿qué? cerca de la estación de Kiyose. Es uno de mis espectáculos cotidianos favoritos. He pasado horas imaginando cómo puede ser capaz su conductor de introducirlo marcha atrás en semejante cubículo (necesita doblar los retrovisores exteriores, ríete tú de Carlos Sainz); y, lo más importante, una vez dentro, ¿cómo puede salir? Incluso al aire le cuesta pasar por el brevísimo espacio que queda entre la carrocería y la pared. No parece un coche de minusválido adaptado con salida trasera, y el morro saliente parece indicar que el lugar no tiene mucho fondo que digamos. Ah, otro de esos misterios de habitaciones cerradas que tanto me gustan, que alguien llame a Rouletabille.

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