martes, junio 29, 2004

Las Gothic Lolitas también cosen

En Japón se puede "disfrutar" (según gustos y de a quién te encuentres delante) de la visión de las Gothic Lolitas, una especie de tribu urbana que yo dividiría en dos subgrupos:

1-Las que mantienen una apariencia bucólico-pastoril y

2-las de tendencia definitivamente siniestra.

Cual sería mi sorpresa al encontrarme esta mañana en una librería con una revista (hay varias) dirigida a este tipo de jóvenes, donde vienen, como si fuera la Burda (no me miren así, yo no elegí el nombre) de años ha, patrones para que se confeccionen su propia ropa. "La Maricarmen no sabe coser..." cantábamos en España... y miren.

Abajo les dejo unas fotos sacadas de internet para que se hagan una idea. En cuanto me encuentre con alguna (les aseguro que van así por la calle), cámara en mano, intentaré sacarme una foto con ella. Mi favorita es la que se parece al personaje de Nico de Runaways...


¿Nico?


Tenemos un rebaño de fantasía.


Variedad, es la clave del buen gusto.

sábado, junio 26, 2004

Pesos y medidas

No, no les voy a hablar de lo buenas que están las japonesas. Me llaman la atención las diferencias culturales en torno a los siguientes temas.

En Japón existe un porcentaje de lo desagradable que es el clima, en función de la temperatura y la humedad. En cuanto me entere de más cosas al respecto se lo comunico.

Aquí, la vista no se mide en negativo, nadie entiende de dioptrías; miden "cuánto ves", no "cuánto no ves".

Aunque la medida oficial es el kilómetro, nadie lo maneja. No he conseguido encontrar a nadie que me aclare las distancias entre poblaciones (podría mirarlo en un mapa, claro, pero...). La gente se entiende en horas en tren, en coche, en bici y andando. A la pregunta "¿A cuántos kilómetros está tu pueblo desde aquí?" responden "No lo sé, a dos horas en tren", y se quedan tan anchos. Quiero matizar que eso no quiere decir que el tren sea directo ni que vaya en línea recta.

Y ya sé que no he dicho nada de pesos, pero quedaba bien en el título...

jueves, junio 24, 2004

¿Qué fue de Espinete?


¿No les da pena?

Hachiko




Probablemente ya conozcan la historia de Hachiko, un perro que iba todos los días a buscar a su amo a la estación de Shibuya cuando éste volvía del trabjo (me refiero al amo).

Pues bien, la tragedia golpeó y el amo pasó a mejor (o a peor, o a ninguna, que es todavía peor) vida, mas Hachiko no dejó de ir a buscarle ni un solo día a la estación durante lo que le quedó de vida.

La gente, enternecida con la historia del can, consiguió que se le levantara una estatua en la puerta de la estación. Ahora, el pobre perro está esperando para siempre.

Poco ladrador y poco mordedor, no aprende ningún truco nuevo.

¿Es el enemigo?

Tal vez no sea el enemigo y, lamentablemente, Gila ya no está aquí para preguntarlo, pero en Japón hay varios tipos de telefónos públicos, aunque con la invasión de los móviles ya no los usa casi nadie. Generalmente están en las estaciones y sólo en alguna ocasión se ven por la calle. Únicamente admiten monedas de 10 y 100 yenes y no devuelven cambio fraccionado, como en España.

Sin embargo lo más curioso es la mentalidad que existe en los japoneses al enfrentarse a estos trastos. Lo digo porque hay un tipo de teléfono público cuyo funcionamiento es idéntico al español, léase, se descuelga, se espera tono, se introducen las monedas o, en su defecto, la tarjeta prepago y a continuación se marca y, si eres afortunado, se habla.

Por contra, el otro tipo exige que introduzcas el dinero antes de dar tono. Claro, yo desconocía esto y pagué mi ignorancia la única vez que he necesitado utilizarlas, corriendo de aquí para allá, pensando que estaban todas rotas.

Los japoneses confían en que todo va a funcionar como debe y por eso no necesitan señal que se lo confirme. Pero yo, que he venido del país de los trileros, la estampita y el tocomocho, pues no me acababa de fiar. Antes de darte el dinero, enséñame la mercancía, Jack...

lunes, junio 21, 2004

Turismo virtual


A ver si el paisaje os va animando a hacerme alguna visita. Esto es parte de un templo que vimos en Shitamachi, sin salir de Tokio.


Y esto son ajisai (se lee ayisai), unas maravillosas flores japonesas que florecen ahora. Foto: Shizuka Shimoyama

Yoko

Aun después de dejar de creerme John Lennon no puedo evitar sentirme fascinado por el talento creativo de Yoko Ono. Ayer visité la exposición antológica (¿esta mujer no hace ya nada nuevo?) sobre ella que está a punto de finalizar en Tokio.

Poca novedad aportó a lo ya visto en Zaragoza y Barcelona más de una vez, aunque es cierto que había alguna obra con la que no había coincidido aún.

Además de hacer notar lo difícil que es disfrutar del arte conceptual escrito en japonés (y muchas veces a mano, que eso parece cualquier cosa para los no habituados. En España era, por lo menos, bilingûe, y más teniendo en cuenta que las obras originales son en inglés) debo resaltar que será por el espíritu japonés que la interactividad con las obras era casi nula. Todo tras un cristal y sin nada de experimentación directa. Uno que disfrutó con Ono en sus exposiciones españolas lo resiente.

Anecdótico fue el "laberinto" de metacrilato, en el que tienes que entrar de uno en uno para llegar hasta el centro, donde hay un váter (que no está permitido usar). La dificultad era nula, vamos. Y para una cosa en la que podías participar sólo faltaba que te hiciesen un chequeo médico primero. Cuando el camino estaba bloqueado había una pequeña pegatina negra para avisar. Con los golpes tan divertidos que nos dábamos de críos en el laberinto de los espejos... en fin, que le quitaba la gracia un poco. Pero, por si esto no fuera bastante, las japonesas (todo lo que vi eran féminas, ¿me habría metido en un váter de chicas?) entraban con las manos por delante (como zombies desgarbados) andando como si fueran Indiana Jones en el templo maldito. En fin, que daba un poco de vergüenza, oigan.


Ex it


Colaboracion espontanea con la artista. Foto: Shizuka Shimoyama

La sangre con letra sale

Acabo de leer en el periódico Yomiuri la calidad pedagógica de algunos institutos en Japón. Por lo visto, en Fukuoka, un profesor que pillo a un alumno dormido en clase tuvo la ocurrencia, no sólo de despertarlo, sino de llevárselo a la sala de profesores y facilitarle un papel y un cutter para que, como castigo, escribiese una redacción sobre su comportamiento ¡en sangre!

El alumno, que o bien era demasiado tonto, o bien no se había despertado del todo, o bien era demasiado japonés, lo hizo.

Al final, la historia acabó con una disculpa del insituto y del profesor hacia la familia, en vez de con la pena de cárcel e inhabilitación que hubiese sido adecuada.

Que en España daban miedo los alumnos, pero aquí dan miedo los profesores...

viernes, junio 18, 2004

Cómics en la basura (no sonría, señor Aranda)

De todos es sabido que Japón es uno de los paraísos de los cómics. Además de que el citado medio tiene la consideración que merece, es leído por todo el mundo (y me refiero desde los niños, de teta no, un poco más grandes, pero casí, hasta los señores trajeados y los abuelos, cada uno con sus obras, claro, no todos leen lo mismo).

Hay multitud de revistas que algunas personas compran para leer en el metro y luego las abandonan sin más, dejándolas al alcance del siguiente o del recolector profesional que luego las vende a mitad de precio en puestos "de viejo".

Aparte, está el formato "guía telefónica", que comparte tamaño y tipo de papel, aunque no contenidos. Más tarde, las series de calidad y/o éxito son recopiladas en tomos individuales para facilitar su almacenamiento. No se pueden guardar varias guías telefónicas mensuales... y el papel es muy malo.

Eso significa que todos los días, en el apartado de reciclaje de libros y revistas de la zona reservada a las basuras en mi edificio, me encuentro con varios paquetes de revistas y tomos en perfecto estado. Quiere decir que aquí la vida es una biblioteca pública de cómics y que si no lees es porque no quieres... o no sabes.

Por otro lado, el mercado japonés es tan brutal que fagocita al resto del comic mundial y hace (casi) imposible el poder encontrar cosas de Jodorowsky, Alan Moore, Darko Macan o Trondheim... ya no digamos Mortadelo y Filemón.

Pero, el día que haya dinero, siempre nos quedará internet y será el comienzo de una bonita amistad...

jueves, junio 17, 2004

Curiosidades de trenes y temibles señoras para un día en el que no ha pasado nada

Lo he visto mil veces y todavía no me lo puedo creer. En la estación de Ikebukuro tienen una peculiar costumbre en los trenes que son final de línea. Por lo visto, las señoras japonesas son más malas que carracuca y pellizcan, empujan y hacen todo lo necesario para entrar rápido al tren y coger un asiento. He de decir a su favor que yo todavía no he visto, ni sufrido, para bien suyo, esto y tal vez sea, aunque lo dudo, por la peculiar medida que adoptaron para prevenirlo.

Cuando llega el tren, ya está esperando la gente a medio metro por delante de las puertas en triple file india y se mantienen perfectamente erguidos mientras baja el personal. Acto seguido, durante un segundo no se mueve nadie y echando un vistazo uno se encuentra con el tren desierto y la gente aún en fila. Entonces, con un pitido, las puertas se cierran con el tren aún vacío y uno no deja de acordarse de las salidas de las competiciones de atletismo, con los corredores tomando posición en tres movimientos, ya que, es en ese instante que, la gente se acerca a la puerta, de forma aún más o menos ordenada. Otra vez, el momento de rigor en el que nada se mueve. Por fin suena el disparo, que esta vez vuelve a ser un pitido y conforme se abren las puertas empieza la avalancha

¿Habría mucha diferencia sin todo el ceremonial? A mí, no puede más que resultarme absurdo todo esto, pero los japoneses se lo toman como, si no algo necesario, un juego inevitable.

Y, a pesar de todo esto, los trenes cumplen escrupulósamente el horario.

lunes, junio 14, 2004

Veloz como el rayo

Así es la administración española. Eso explica que a día de hoy, lunes 14 de julio de 2004 acabe de recibir la carta para votar en las elecciones de ayer y que, según pone, debería haber mandado antes del día doce.

Para mi sorpresa, no han adjuntado la máquina del tiempo.

Yo que estaba sufriendo pensando en si me había pasado por alto algún trámite y resulta que era todo culpa suya.

Señores abogados que frecuentan esta página: ¿dónde puedo reclamar por el hurto de este derecho constitucional al que me he visto sometido? ¿existe algún tipo de compensación económica por ello?

"Que le corten la cabeza..." (Lewis Carrol, Alicia en el país de las maravillas)

sábado, junio 12, 2004

Shizuka Shimoyama y Kan Takahama




Han unido sus talentos. Una ha puesto la música y la otra las imágenes. Ya está disponible la página web oficial de Shizuka Shimoyama, donde podréis encontrar (en japonés, eso sí) información sobre su nuevo disco (a la venta en Japón próximamente), fotos y muchas cosas más. Y todo ello firmado por una de las plumas más prestigiosas del manga actual y de siempre, Kan Takahama.

Si estáis interesados en el disco de Shizuka podéis pedirlo aquí, en este weblog y si estáis interesados en los libros de Kan Takahama podéis encontrar más información en la página de Ponent Mon.

Ambos están en la sección de enlaces. Echad un vistazo y me comentáis.

De alquiler en Japón (país de protección oficial)


Prepárate, Japón, tienes nuevo inquilino.

Me han dado el visado. Y sólo me ha costado 4.000 yenes en papeles del estado japonés. Una ganga. Por 4.000 yenes me alquilan todo Japón durante tres años, que es el periodo máximo al que se puede optar de entrada.

Un respiro de alivio sin duda. Comprar un país sale caro y uno, con esto, se conforma.

Concierto punk

Ayer tuve mi primera experiencia en los ferrocarriles (terráneos y subterráneos) en hora punta y, como casi todo aquí, es alucinante. No llegué a vislumbrar empujadores (personal que se dedica a empujar al personal para que quepa en el tren) pero la cosa estaba bastante concurrida. Los zaragozanos me entenderán si digo que es como cojer el autobús en fiestas de El Pilar.

La idea de que los japoneses son personas educadas y respetuosas uno la pierde totalmente en ese momento. Cuando el tren llega a la estación y bajan los pasajeros correspondientes (y los no correspondientes para que dejar bajar a los del fondo) empieza la diversión. Los japoneses entran con el más puro instinto animal, igual que las estampidas de búfalos de las películas del oeste, hasta el fondo caiga quien caiga, a empujón limpio (o sucio) con el codo por delante. Y eso sólo es el principio, ahora te queda un largo viaje bien acompañado.

Si has tenido suerte te estarás apretujado entre bellas señoritas y aquello puede volverse soportable e incluso interesante, pero si no, os recuerdo que Japón está lleno de señores trajeados que se dirijen al trabajo...

Por si el vaivén no fuera suficiente, llega el momento de frenar y el interior del vagón se convierte en una marea humana que te arrolla de golpe hasta que el tren se detiene y puedes recuperar el equilibrio.

En ese momento se abren las puertas y se relaja la presión por el descenso de pasajeros mientras uno respira aliviado. Pero de repente parece adivinarse en la lejanía un rumor, como de búfalos... búfalos punk.

jueves, junio 10, 2004

Mi tío Sam, la oveja negra de la familia

Mañana tengo que acudir a inmigración a ver si me conceden el nuevo visado. Evidentemente eso me preocupa, pero también me preocupa el volverme a encontrar con un indivíduo que pululaba por allí la última ocasión. Me refiero a un joven estadounidense en cuya camiseta rezaba el siguiente lema (y encima en un país extranjero):

Join the Marines
Go to distant and exotic places
Meet unusual and exciting people
and kill them

Sí, así me quedé yo. Espero que no le concedan el visado.

Bestiario Contemporáneo

Hoy, tras mucho tiempo, me he vuelto a encontrar con "el abuelo de los caramelos". Si ustedes frecuentan las salas de conciertos tal vez lo hayan visto. Habíamos sido invitados a un concierto de la Orquesta de cámara de Praga acompañanada al piano por Philippe Entremont, interprentando a Mozart. Aunque no esté de moda decirlo, a mí me gusta Mozart y todo hubiera sido perfecto de no ser por susodicho indivíduo. No es un mito, ni una leyenda urbana.

Este hombre se caracteriza porque, a mitad de concierto, preferíblemente en el momento más delicado, le entran ganas de comerse un caramelo (ya sé que es incomprensible...). Pero no uno cualquiera, el caramelo tiene que estar dentro de un maletín con cremallera, metido en una bolsa de plástico enrollada en lo más profundo y con papel crujiente. El abuelo obtiene placer denodando el final de su acción y recreándose en los miles de de sonidos que es capaz de crear. Una vez se ha metido el caramelo en la boca (si está de humor hará ruido al chuparlo) se asegura de que el envoltorio esté bien apretado para que no le ocupe sitio al meterlo en la bolsa, que vuelve a doblar y a meterla dentro del maletín. Por supuesto, cerrará la cremallera.

Lo que no tengo claro es si se trata de un mismo indivíduo que se desplaza por el mundo asistiendo a todos los conciertos que puede o si se trata de una organización de abuelos saboteadores, terroristas sonoros, con los que habría que tener cuidado.

Están avisados.

Trueque con truco

Como Jack, que cambió la vaca por un puñado de habichuelas, así he ido a la tintorería a recoger los encargos de Shizuka. Ya estaba todo pagado y sólo he tenido que entregar el recibo para que la señorita, con una sonrisa, me devolviera las prendas metidas dentro de una bolsa. La sonrisa se habrá transformado en carcajada y estoy seguro de que aún le dura y lo va a comentar durante mucho tiempo.

Imaginadme en una mano con la bolsa grande de la ropa junto con otra en la que llevaba la botella de agua del supermercado y, en la otra, las llaves de la bici. Uno, que no está acostumbrado a irse de un establecimiento sin dar a cambio los emolumentos preceptivos, se encontró dándole a modo de pago simbólico las llaves de la bici a la dependienta, que miraba alucinada sin saber si cogerlas o no.

Qué vergüenza. Cosas de la vida.

Frutos amargos

Ya nos dejó Juanito Valderrama, pero qué razón tenía cantando lo de El emigrante. Y eso que no sé cómo estaría lo de los papeles en su época, pero yo, que voy de legal (también en esto), y cumplo los requisitos, tengoque ir mañana a inmigración para ver qué han decidido sobre mi cambio de visado. Esto es, entré como turista y legalicé mi matrimonio aquí y deberían darme el visado de residente.

La cosa es que puede ser que me hagan salir del país para volver a entrar con un sello diferente. Y uno se pregunta, ¿por qué quieren hacerme perder tiempo y dinero para algo que me van a dar SEGURO? Con los papeles que hemos cursado puede que me eximan del trámite, pero esto es Japón y puede pasar cualquier cosa, desde tener que irme un par de días a Corea a que me veáis en Barcelona el día 23.

Todo es para bien, dicen los místicos.

Por otro lado, el señor Aranda no nos ha "honrado" con su presencia en el blog.

Micko

Frutos dulces

No busquéis más, Japón es el Jardín del Edén, pero a lo bestia. Si en el original estaba prohibído comer manzanas, aquí, los precios hacen que esté prohibido comer cualquier tipo de fruta (Matizaré, los plátanos aún son baratos y, según dice mi fisioterapeuta mágico, al no ser un clima tropical no hace falta comer fruta, pero... ese sabor dulce...).

Sin embargo,suerte de vivir cerca de mi supermercado,ya que no sólo puedes coger gratuitamente 4 litros de agua purificada al día, sino que, además, ponen puestecitos para que pruebes los diferentes productos a la venta. Y claro, uno no se puede resistir y come fruta, sólo un pedacito, pero algo es algo.

La sandía, cuyo precio ronda los 18 euros por unidad, y el melón no se pueden comparar a las delicias españolas;por contra, las cerezas americanas y la uva aguantan el tipo, mientras, el kiwi, sigue más o menos igual.

Ya se que pensaréis que soy un gorrón, pero yo lo veo como una atención al cliente
y una manera distinta de desayunar.

El día en que las cajeras tengan cara de serpiente empezaré a pensar que pasa algo raro.

Micko

lunes, junio 07, 2004

Carta abierta a D. Joaquín Aranda




Algo tengo que reconocerle, señor Aranda, y es que, por más que quiera yo, que ya hace más de dos meses que me trasladé a Japón, no deja usted de sorprenderme. Haré, para tranqulidad de mi espíritu, como que no he visto el adjetivo que usted emplea, permítame recordárselo: bazofia, para calificar al mundo de los tebeos, del que formo parte activa. Por el contrario, es evidente que el mundo del cine o la literatura, con títulos como Los albóndigas, Dr. Doolittle, o todas esas noveluchas baratas, nunca serán merecedores de semejante epíteto.

Decía Arnold Schoenberg que cuando le mostraban una música que no le gustaba (entiéndase sin fallos técnicos), la escuchaba una y otra vez hasta que conseguía que le gustase. Sin embargo usted se considera capaz de situarse, no ya por encima de Schoenberg, sino que encuentra fuerzas en sí mismo para corregir “a Fellini y a algún otro genio”. Disculpe, señor Aranda, pero ¿dónde están sus obras maestras? ¿Dónde está su “La dolce vita”, su “La Scala”, que le permita ponerse al nivel de corregir a los genios? Enséñenoslas, por favor, como público estamos deseosos de ver su contribución para sacar al arte de la bazofia. Sin duda un hombre que se atreve a hacer este tipo de afirmaciones podrá respaldarlas con su talento. Si no me falla la memoria (y no me falla), el año pasado usted fue merecedor de un premio Adlo!, el equivalente a los Razzies del cine americano en el mundo del cómic español, pero creo que ése no es mérito suficiente y deberá demostrarlo de otra manera.

No acaban aquí las sorpresas, sino que usted pide tebeos que se puedan comparar a una novela (excluyendo al Quijote) más o menos buena. En primer lugar debería precisar qué entiende usted por una buena novela (¿incluyen las nivolas de Don Miguel de Unamuno o sólo a las novelas?), partamos de eso. Después, supongo que usted, como crítico de cine, usará la misma técnica para valorar sus películas, es decir pensar cómo sería esa película en novela. ¿No le parece un sistema un poco pobre para un crítico profesional? ¿No considera usted al cine como un arte que pueda ser independiente? Más allá, ¿cómo consigue que le funcione esa técnica al visitar una exposición de escultura? El comparar otras disciplinas artísticas con la literatura, además de ofensivo, no parece la mejor opción.

Con respecto a su promesa de pública disculpa, me permito recordarle que Maus, de Art Spiegelman, fue un cómic merecedor de ganar en 1992 un premio Pulitzer, un premio literario, señor Aranda, pero igual no le parece un galardón lo suficientemente prestigioso, al igual que la opinión de Fellini y algún otro genio, e igual pide compararlo con un Nobel (sea de Literatura, Medicina o de la Paz).

La lista es amplia, y permítame recomendarle la lectura de Persépolis, Paracuellos, V de Vendetta, Miracleman, 300, Watchmen, Adolf, Monster y, si le gusta el cine francés, pruebe con el Nouvelle manga, que bebe de su espíritu y forma: La espinaca de Yukiko, El almanaque de mi padre, La guerra de Alan, Barrio Lejano o En la prisión... por citar lo primero que me viene a la cabeza.

Sin embargo, lo que a mí me produce más desprecio, y muy pocas veces risa, es ver a señores maduros empantanarse en escribir bazofia, intentándola hacer pasar por críticas serias, que, de ninguna manera, pueden compararse ni siquiera con una novela medianamente mala. ¿No cree usted que debería darles vergüenza?

domingo, junio 06, 2004

Viva Freedonia

Anteayer sucedió algo curioso en el parlamento japonés. Por lo visto, el gobierno se ha sacado de la manga una ley mediante la cual puede cortar la sesión de preguntas en el momento que le interese. Cosa que, evidentemente, soliviantó a la oposición, ya que de hecho cortaron la sesión en mitad de una pregunta.

Normalmente los que se pegan en el congreso son los coreanos, no los japoneses, pero esta vez hubo una especie de marea humana aglutinándose, que, finalmente se solventó sin nada que lamentar.

Sin embargo la oposición protestó al día siguiente de manera genial y maravillosa. ¿Cómo? Perdiendo tiempo. Por lo visto, en Japón, el turno de los oradores no tiene límite, así puedes estar hablando hasta que consideres que has terminado y nadie puede cortarte (el gobierno aún no ha sacado esta ley). De esta manera pudimos escuchar cómo una diputada contaba a sus señorías el número de hijos que tenía, cómo iba en bicicleta a comprar o que cerca de su casa había una famosa bodega, explayándose en lo que sin duda habrá sido la intervención política que mejor habrá retratado la vida cotidiana en la historia. Esto fue seguido por otra diputada que hacía una breve pausa después de cada palabra de sus frases y consiguió alargar hora y media su intervención.

Eso no fue todo, ya que a la hora de votar los políticos de la oposición acudieron a introducir su papeleta en la urna haciendo lo que llamaban “andar como vacas”, es decir, en plan procesión de Semana Santa, lenta, muy lenta, muy solemne. Además, nos brindaron la oportunidad de ver las dotes interpretativas de los políticos fuera de las promesas electorales. Uno de ellos, en la mejor tradición de Marcel Marçeaux, elaboró un número cómico en el momento de votar en el que su brazo no le respondía e intentaba, en vano, con todas sus fuerzas introducir la papeleta. El siguiente, para no ser menos, hizo el viejo número del que corre a toda velocidad pero sin moverse del sitio. Esto es algo loable, ese diputado era un abuelo que ya no está para mucho deporte. Para terminar las anécdotas reseñaré que otro diputado saludó cortésmente al jefe del congreso con una reverencia que duró por lo menos diez minutos, ¡diez minutos agachados en ángulo de 90º! Mientras tanto, la tele glosaba el espectáculo con imágenes de los diputados del partido del gobierno echándose la siesta en su asiento, haciendo aviones de papel para matar la desidia, etc, etc.

Sin duda deberían hacerlo más a menudo. Cobrando entrada podrían solucionar los problemas económicos del país, ya que esto es mejor, mucho mejor que el cine.

Con la boca abierta







Ayer fuimos a Daimon (La gran puerta) invitados por el señor Kawara, a quien nunca se lo agradeceré lo bastante, para asistir a un espectáculo, celebrado al aire libre en el recinto de un templo, que conjugaba danza tradicional japonesa con una pizca de coreografía moderna, narrando la historia del sogún Nobunaga.

El espectaculo devino en lo más alucinante que he podido contemplar y os aseguro que estaba con la boca abierta. También tengo que recalcar que las danzas de los muertos (cuatro simpaticos personajes del más allá) hacían parecer los comics de Suehiro Maruo como Blancanieves. Espeluznante.

Al darse uno la vuelta podía contemplar Tokio tower iluminado recortandose en el cielo detrás del templo. Tokio tower es la respuesta japonesa, o mas bien la copia exacta, a la torre Eiffel de París. En cuanto venza mi reticencia a las alturas, subiré porque la vista debe de merecer la pena (la pena de verse uno tan arriba y sin saber volar).

Tras el evento, nos comimos un cuenco de udon acompañados de la señorita Nonogaki, que está metida en el mundo del management musical. Es una mujer muy culta y me preguntaba por asuntos sociológicos e históricos de España y por el funcionamiento del acordeón, entre otros.

Para un español de familia humilde, verse cenando en Tokio en un restaurante de buen aspecto (y no especialmente caro), con amplios ventanales que daban, desde el primer piso, en el que nos encontrabamos, a la calle totalmente vacía rodeados por rascacielos y escuchando jazz, era totalmente sobrecogedor.

jueves, junio 03, 2004

Bienvenidos

Me he decidido a abrir este Blog convencido de que sólo puede aportar facilidades. Iré hablando un poco de todo y comentando la realidad e irrealidad cotidiana y absoluta. Preparaos para el viaje.